Un carril en medio, a los de los lados unos autobuses gusanos relucientes por la luz de las farolas. Pisa el acelerador, en cinco segundos de tercera ha pasado a quinta, sus ojos fijos en el velocímetro, 110km/h. Pasó los autobuses como un torbellino, el calor le calentaba la sangre...a más velocidad menos falda le quedaba para tapar, a más velocidad más libertad se abría ante su camino.

Una amiga de hace años camuflada en un semáforo en rojo la llama, un minuto para empezar a frenar, su pie no lo hace, una media sonrisa se le forma en la boca, sube la música, aún no ha frenado. 30 segundos para reaccionar. El coche se va parando a velocidad vertiginosa.
Adrenalina hirviendo, fuera frío, lluvia... ella ardiendo, su piel quemaba como las brasas, sus ojos inyectados en sangre. Encontró lo que buscaba, un atisbo de libertad. Un minuto en el que no luchó contra ella misma.
Hoy tenía sed de sangre, la suya propia.

2 comentarios:
bueno, la velocidad a veces asusta un poco.
Un placer leerte
"un minuto para empezar a frenar, su pie no lo hace, una media sonrisa se le forma en la boca, sube la música, aún no ha frenado. 30 segundos para reaccionar. El coche se va parando a velocidad vertiginosa."
Desde luego que peligro tienen estas niñas...
jajajajaja
Saludos y un beso guapa!
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