
El sol enmudecía con el ocaso, ocultándose detrás de las montañas, yendo a su morada nocturna, donde su manta eran las estrellas y su casa el universo.
Un ruido sordo hizo temblar la arena de la playa, el libro le dio en la rodilla y rebotó hacia el suelo. Lo cogió, le pasó las manos por encima, notó la textura, pasta dura y letras en relieve…
- Creo que esto es tuyo—dijo palpando unos zapatos—me incorporaría para dártelo pero creo que por tu posición…chocaríamos.
- Perdona, ¿te he hecho daño?, iba leyendo y se me cayó. ¿Cómo estás tan segura de que chocaríamos?
- No, no te preocupes, no me ha hecho daño. Veo que no te has percatado del hecho de que lleve gafas oscuras cuando el sol ya apenas alumbra.
- ¿No ves?
- Veo con las manos, los oídos la nariz y la boca, pero no con los ojos…
- Lo siento…
- No tienes culpa de nada—dijo la chica con una sonrisa radiante—Un buen libro el que llevas en las manos.
- ¿Sabes cuál es?—preguntó el joven atónito.
- Claro, con las letras en relieve es fácil, aunque no esté en Braille. “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, no es un libro que no esté reconocido mundialmente… ¿Te sientas y me lees algo? Soy Sara.
- Yo, Raúl. ¿Qué poema prefieres?
- Dame el libro, lo elegirá mi tacto…
Tomó el libró y desplazó sus manos por las páginas lentamente…
- ¡ÉSTE!—exclamó.
- Poema 20:
- “Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.”
- Me encanta.
- ¿Cómo puedes manejarte en el mundo sin…?
- ¿Sin ver?—cortó Sara—fácil… yo no veo… pero huelo, toco, saboreo… vosotros, los que percibís con los cinco sentidos, los tenéis medio desarrollados todos, yo no. Al hacerme falta uno he tenido que paliar los efectos con los demás. Descríbeme el mar…por favor.
- Pues es muy grande y extenso, azul, con olas y espuma…
- Demasiado simple, por la brisa que hay, debe estar anocheciendo…pronto saldrá la luna. El mar está alborotado, su melodía es estruendosa, Neptuno debe de estar enfadado…¿Por qué es azul? Podría ser rojo, negro, amarillo…no es grande, es inmenso, lleno de tesoros por descubrir, ¿existirán las sirenas?. Pero…¿sabes qué? En mi todo se reduce al más infinito e incurable negro, sólo me queda saborear el vientecillo que corre, tocar la arena y oler el mar.—dijo resignada.—aunque habrá veces que disfrute más que vosotros de la vida… ¿Quieres aprender a sentir?
- Dime, ¿qué hago?
- Cierra los ojos y levántate conmigo, no temas no te vas a caer ni nada por el estilo…
¿Continuará? Quién sabe...